Entre ositos anda el juego

•Noviembre 12, 2009 • 4 comentarios

DSCN0853Si el cielo y el infierno no lo impiden, el domingo llega Fran y partiremos cuatro días hacia los glaciares de la Isla Sur. Después volveremos a Wellington para que yo cumpla con mi última obligación académica (qué dura mi vida laboral…!!! jajajaaja) y en dos días volveremos a poner rumbo al polo sur, aunque pararemos en Stewart Island (es que en el polo-polo, debe hacer un frío del carajo) y después a por el Milford Track. Una vez de vuelta, me quedarán dos días para hacer las últimas compras antes de volver a Valencia como el turrón (sí, al final no sé cómo me lo monto que las compras parece que nunca se acaban) y me he quedado pensando… COÑO, tengo que contar los ositos de mi casa!!! Porque sí, todavía recuerdo la entrada con los objetivos, alguno ya se va a quedar definitivamente en la lista de los imposibles, pero qué se le va a hacer… hay que dejarse algo para poder volver, no?

El caso es que ayer me dediqué a contabilizar y fotografiar una muestra de la cantidad de peluches, ositos y gatitos DSCN0858que hay por la casa. Mi casera es coleccionista (entre y esta, y el de Pittsburgh que coleccionaba muñecas voy servida…) de Ositos Teddy Bear… hasta el punto de que sé que en casa hay uno que cuesta 400 euros (y que no me han dicho cual es, porque si me entero juro que lo robo y lo vendo). Antes de venirme a vivir aquí, cuando vi las fotos que me enviaron para ver si me gustaba el sitio, solo pensé “la casa parece que está guay, el sitio también… pero madre mía, qué escalofríos me da ver que en una casa sin niños, no dejo de ver peluches por todas partes”. Lo primero que hice al ocupar mis nuevos aposentos fue, por supuesto, reducir todos los peluches a un mismo estante (es que si no, parecía que el cuarto era de ellos!) y empezar a preguntarme cuántos habría realmente por la casa.

DSCN0863Cuando los ositos de peluche se volvieron algo cotidiano y ya casi no les prestaba atención, empecé -como si de un cuento de Cortázar se tratara- a percibir otros objetos… colgantes en forma de osito en los pomos de las puertas de los armarios, posavasos-ositos, cuadros y dibujos de ositos en las paredes, miniaturas de ositos en los marcos de las ventanas, cajas de ositos, tazas de ositos, pisapapeles de ositos, calendarios de ositos, marcos de fotos de ositos, sujeta-puertas de ositos… En fin, ya no pude resistirme y los conté. Que conste que no los he contado todos pero llegué a 220 y paré de contar… Después, exhausta y algo atormentada recordé el momento DSCN0864exacto en el que los peluches se convirtieron en un objeto algo demoníaco, bastante perturbador y poco bienvenido en mi habitación. Corría el año -probablemente- 90 y mi fanatismo por los perros estaba en pleno apogeo. Tenía posters, peluches que ya no cabían encima de mi cama y que por lo tanto descansaban en una mantita en el suelo y vete a saber qué más cosas. El caso es que antes de que mi habitación estuviera tan concurrida, me acostumbré a dar las buenas noches a mis juguetes favoritos… después a los peluches de perritos que se iban acumulando y.. finalmente, hasta los posters de los perros porque parecía que me miraban mientras les daba las buenas noches a los peluches y me daban pena… El día que mi padre -o no sé quién, pero alguien DSCN0861de casa- me regaló el SUPER-MEGA-POSTER con 100 fotografías de perros… ese día se firmó mi sentencia. A partir de ese día cada noche acababa sudando porque a la fila de arriba del todo no llegaba para darle el beso de buenas noches y lo tenía que hacer saltando… me ib a a la cama tres cuartos de hora antes porque era lo que tardaba en despedirme de todos mis peluches, y si algún día estaba demasiado cansada, ya en la cama sentía el peso de la culpa porque los 100 perros del poster me estaban mirando desconsolados porque esa noche no les había hecho caso… Así pasé no sé cuántos días… sumida en la tribulación y el desasosiego… sabiendo que aquello era DSCN0855irracional y estúpido, pero incapaz de desprenderme de tan agotador hábito y siempre con la certeza de que era una mala mamá para todos aquellos pequeños vástagos que yo misma había recogido… El día en que una mañana, medio dormida y todavía sin estar plenamente consciente, le di los buenos días a uno de los peluches… ese día los hice desaparecer a todos, todos sin excepción… junto con los posters. Así es como yo me convertí en exterminadora, pero es que de no haber sido así… ellos me habrían aniquilado. Desde entonces… creo que todos los peluches del mundo conocen mi vergüenza y quizá por eso siempre tengo la impresión de que me miran amenazantes con sus ojitos de cristal y sus cuerpos mulliditos que encierran la capacidad de atraparte entre sus pliegues…

Kia ora! (VIII): South Island – Akaroa y Kaikoura

•Noviembre 1, 2009 • 1 comentario

DSCN0611Esta vez voy a poner los dos destinos en una sola entrada o de lo contrario el volumen Kia Ora! no tendrá final… Nos quedaban dos días y medio de estancia de Bruno ya que tuvimos que volver dos días a Wellington para que yo diera mis clases, pero lejos de desperdiciarlos, decidimos subirnos a un avión y plantarnos en Christchurch. Allí volvimos a alquilar un coche, esta vez automático, y aquí la nena melena se hizo al volante de nuevo. Creo que Bruno volvióDSCN0647 a temer en algún momento por su vida porque nuestro destino estaba de nuevo más allá de las montañas, atravesando carreteras serpenteantes pero con vistas espectaculares sobre los lagos y el mar. Lo que él no supo durante todo el viaje (sobre todo porque debido a un pequeño incidente le tomó un poco de manía a conducir el coche automático) y yo no había revelado hasta el momento es que… NO VEÍA NADA EN ESE COCHE!!! En fin, el coche era espacioso y molón, pero era de estos con el asiento muy bajito (y DSCN0667para bajitos, yo!), así que mis ojos topaban directamente con el volante con la desventaja de que, a diferencia del coche de mi padre (donde ya tengo el truco pillado para mirar entre el volante y el salpicadero), este coche tenía un salpicadero muuuy alto que no dejaba ningún recoveco a mi visión miope (encima!). Así que… sí, Bruno me decía de vez en cuando si no iba muy hacia la izquierda, pero yo pensaba (izquierda? joder, por lo menos todavía voy por la carretera, si no veo nada, ahora mismo me llevo una oveja por delante).

Tampoco fue nada dramático (que seguro que alguno se tira de los pelos) y llegamos a nuestro primer destino: Akaroa. DSCN0688DSCN0726Se trata de un pueblecito costero encantador y estilo francés (porque los franceses lo intentaron colonizar) sin mucha más atracción que las vistas (que, eso sí, son espectaculares) y la cercanía a la Reserva de Blue Penguins de Pohatu en la Flea Bay. Esa misma noche, concertamos la visita y nos llevaron a ver cómo los pingüinos pasan su happy hour en el mar mientras anochece y después cómo van trepando, escalando y subiendo por las rocas. El espectáculo es increíble porque son los pingüinos más pequeños del mundo (medio metro) y los ves tan patosetes, como perdidos (aunque lo que pasa es que están ojo avizor mientras salen) y de repente, trepan milagrosamente entre rocas, peñascos, en una ascensión de más de 500 metros, total para buscar un agujero, una roca, un recoveco y anidar…

penguinsNuestra suerte fue doble, porque pillamos a dos pingüinos de ojos amarillos que se habían DSCN0747alejado un poco de su hábitat por excelencia (suelen estar en la península de Otago, más al sur y a la que descarté llegar porque no nos daba tiempo), y los pudimos ver también en una demostración de arrumacos y abrazos de lo más entrañable.

Al día siguiente pusimos la directa a Kaikoura, a disfrutar un poquito de las playas, las vistas y los miradores. La carretera hasta allí también es preciosa porque se cruza parte del triánguloDSC_4667 alpino neocelandés, pero eso supuso más carreteras serpenteantes para el sufrido bruno, más DSC_4769subidas y bajadas con un coche automático que por momentos parecía que se iba a quedar tirado y otra vez una costa infinita hasta llegar a la ciudad. Lo mejor de Kaikoura es, sin duda, el marisco. Es la tierra de la langosta por excelencia en este país, pero ya no es como hace unos años que se comían langostas como caracoles a un precio de risa. Nos contentamos con ver las gaviotas, alguna foca marina (a la que no dudé en acompañar para tomar el sol un rato) y ver un par de mriadores de esos que quitan el hipo.

DSCN0775Ya de vuelta en el avión, el día nos regaló  una preciosa vista del Triángulo Alpino, ese que… si todo va bien, cruzaré en tren cuando venga Fran…

Kia Ora! (VII, pero anterior a Waitomo): Bay of Islands

•Octubre 30, 2009 • 3 comentarios

DSC_3510Se me había olvidado subir las fotos del crucero que hicimos por Bay of Islands!!! Salimos desde Paihia, donde nos alojábamos y la verdad es que tuvimos suerte porque fue el único día que de verdad nos salió sol, así que pudimos disfrutar de las aguas azul intenso, las islitas de la zona y las vistas…

Paihia es probablemente una de las ciudades más turísticas de Nueva Zelanda, pero es que DSC_3363tiene alrededor 144 islitas que hacen del paisaje una maravilla. El nombre de Bay of Islands se lo dio el capitán Cook (que no Hook), que no fue el primer europeo en llegar, pero sí el que se dio cuenta de que esto no era parte de Australia, así que con esa manía de los colonizadores por renombrar todo lo que encuentran, acabó bautizando la región. Hicimos el crucero que nos llevaba por una parte de la bahía hasta el famoso “hole in the rock” que no es otra cosa que un agujero en una roca, pero estos kiwis hacen de una piedra una DSC_3533atracción turística, así que fuimos, pasamos por debajo con el barco, lo bordeamos y nos volvimos.

Para ser honesta hubo una cosa que falló en el crucero, y es que yo ya me había vestido para laDSC_3615 ocasión para nadar con delfines porque era posible hacerlo. Lamentablemente, ese día no los encontramos y claro… sin delfines a la vista… pues difícil estaba lo de nadar con ellos… Aunque existía la posibilidad de hacerlo en Kaikoura (ya llegará la entrada), finalmente desistí, porque allí había que meterse en el agua a 8º y yo como buena mediterránea sólo me baño en un mar que esté a la misma temperatura que el pis…

Otaku life

•Octubre 29, 2009 • 2 comentarios

nana05Llevaba ya tiempo pensando que para ser honesta tenía que hacer pública esta entrada… En los últimos dos meses he vuelto a sentir la fiebre de la obsesión compulsiva por algo que ni necesito, ni me hace bien ni nada de nada… Y es que… si en Estados Unidos me enganché a cuanta serie apareciera en la ABC, esta vez la conexión a internet de banda ancha ha causado estragos en mi capacidad intelectual porque lejos de dedicarme a leer ediciones digitales de prestigiosos periódicos, revistas científicas o joyas de la literatura española en la virtual cervantes… la nena se ha transformado en una auténtica otaku.

Todo empezó porque me recomendaron una serie ahora que podía descargarla y así entretenerme un Bokura_Ga_Ita_by_ut0piepoco por las noches antes de dormir… El problema vino después, cuando fui capaz de ver 26 capítulos en un solo día, pasar más de 7 horas sin parar de ver la serie y empezar a descargar a destajo como si me fuera la vida en ello. Os diré que lo primero que vi era un auténtico culebrón (pero culebrón, culebrón) y claro… esa es la trampa!! que así es como me enganchó!! Cuando terminé la serie no me lo podía creer, quería demandar al desgraciado que había escrito el guión y después capar al productor que había dejado la serie a mitad. A pesar de mi enfado monumental y de la sensación de despago (quién se ve más de 7 horas de una serie para que al final no tenga final!!!), no escarmiento, soy de esas que no es que tropiece dos veces con la misma piedra, es que se da cabezazos con ella hasta que la mueve de su camino. Así que, visto lo visto, decidí Toradora09resarcirme y hacer trampa. Inicié una rigurosa investigación (por toda clase de páginas, blogs, portales, etc, etc, etc) en busca de una serie finiquitada y con final feliz. La encontré… y esa fue mi condena… después… ya no podía parar porque de una página me mandaban a otra, y de una serie me recomendaban 8 más y a cada título que tecleaba en la wikipedia me salían historias fantásticas que cómo no voy a ver!!!! Así que, después de consumir cantidades industriales deZetsubo anime me di cuenta de que de repente distinguía sin tener que ir a buscar qué significaba shojo de shonen, harem, ecchi, yuri, mecha, josei… Ya no había marcha atrás… llegaron los mangas… y así, empecé a descargar y a aprender a leer al revés para seguir sus historias, a distinguir las fórmulas de tratamiento de las que no lo son, a decir mi nombre comenzando por el apellido y a querer cantar en un karaoke.

kimi_ni_todokePero lo que me hace decididamente una otaku son dos cosas: primero, he cruzado esa delgada (pero primordial) línea que separa la afición del movimiento fan, he llegado a descargarme una canción de un opening; y 2, he llegado al punto de continuar los animes sin final en los mangas que continúan e incluso simultanear anime y manga (menudo trabajo de comparada podría hacer yo con estas cosas… en realidad es un trabajo muy filológico, estoy cotejando ediciones…jeje).

Por otra parte, en mi vocabulario, casi sin querer, casi imperceptiblemente han empezado a aparecer expresiones como “hai, itadakimas, nani? onto? ore… eto…”, ahora digo siempre “kamy-kun” y quiero comer onigiris, y que alguien me prepare un obento para saber que me quiere, y saber que me KareKano23sonrojo si alguien me abraza… hasta creo que cuando hablo con la gente ya imagino cómo serían sus caras desorbitadas con los ojos como platos, la boca desencajada, las rayitas azules del mal humor, los bocadillos de los pensamientos, los ojitos vidriosos, el lado hacia el que se volaría el pelo largo y lacio… Tanto es así… que hace dos días llegué al límite: SOBREDOSIS. Ya me ocurrió en USA, que eso de ver las 4 temporadas de Lost en menos de dos semanas no me trajo nada bueno (me levanté con un susto de la leche porque yo estaba en la isla!!!), aquí, hace dos días… soñé en anime.

Kia ora! (VI): Waitomo Caves

•Octubre 29, 2009 • 2 comentarios

DSC_3818Nuestro viaje por la isla norte todavía nos deparaba un destino más… las Waitomo Caves. El DSC_3800tiempo seguía nublado, pero estábamos a punto de meternos a 35 metros bajo el suelo, así que… no nos importaba nada en absoluto (excepto cuando supimos que la semana pasada una de las cueva se había inundado, je, je). Perdidos entre los montes de Heidy, y rodeados de vacas, Bruno y yo nos fuimos a explorar uno de los rincones más mágicos de Aotearoa.

DSC_3900No visitamos una, ni dos, sino las tres cuevas. La primera de ellas y la más impactante fue la Glowworm Cave… Lamentablemente no hay fotos de esa maravilla de lugar porque está terminantemente prohibido filmar y usar una cámara en el interior. La entrada de la cueva parece un poco rollo entrar a la fortaleza de Superman o el sótano de la escuela de prodigios del Profesor-X, porque lo primero que te encuentras es una puerta que parece acorazada con un nivel de seguridad que ríete tú de misión imposible. El caso es que hace unos años algunos gamberros entraron en la cueva y se dedicaron a graffitear algunas de sus paredes… En fin… bien es cierto que estoy a favor de la expresión artística y de la cultura underground de los rebeldes urbanos, pero… en un sitio así… pa matarlos.

Por dentro, la cueva sorprende por su amplio espacio, es como teletransportarse a otro mundo, con esas paredes llenasDSC_3851 de formas extrañas, la increíble acústica y esa misma sensación que uno tiene cuando entra en las catedrales, eso de estar rodeado de piedra le despierta a uno cierto misticismo, no sé por qué. Lo mejor de la cueva, sin embargo, está un poco más escondido. El río atraviesa parte de la cueva y se puede navegar un poquito con una barca para descubrir el auténtico tesoro que esconde, la “arachnocampa luminosa” que es una especie de araña-luciérnaga única en Nueva DSCN0571Zelanda y que habita precisamente en el interior de la cueva. Bruno y no todavía no sabemos cómo, pero algunos insectos llegan hasta el interior y las arañas los atrapan con unos hilitos pegajosos invisibles cuando estos se acercan a la luz que desprenden. El efecto que producen, sin embargo, es maravilloso, parece que te encuentres a menos de 1 metro de las estrellas, con un montón de puntitos al alcance de tu mano, todo a oscuras y con un color azul-verdoso. Creo que los dos nos habríamos quedado horas allí tumbados en la barca y mirando esos puntitos destelleantes.

La cueva fue explorada por primera vez por un líder maorí, Tane Tinorau, en 1887, que el muy loco se metió a hacer rafting con un colono y así descubrieron el sistema de galerías.

La segunda cueva que visitamos fue Aranui y los dos salimos pensando que podríamos haber seguido viviendo sin waitomoverla… Mucha estalactita, mucha estalagmita, mucha piedra caliza y según la leyenda que la acompaña es un lugar místico y mágico en las leyendas maoríes.

Aranui is a magical, mystical place that is steeped in Maori myth and legend. As such, it occupies a very special place in the hearts of the people of the Waitomo district.

DSC_3915La última parada la hicimos en Ruakuri, una cueva que tiene un origen bastante particular porque la descubrieron los maoríes mientras intentaban dar caza a unos perros salvajes que habían hecho de la entrada su hogar. Lo más espectacular de la cueva es la propia entrada, una espiral que parece no tener fin te lleva hacia abajo, más abajo, más abajo y después por toda una suerte de laberintos de piedra húmeda, más estalactitas y estalagmitas, algunas arañas-luciérnagas de esas y un par de tumbas que hay a la entrada porque los maoríes enterraron allí a algunos de sus ancestros; de hecho, para preservar ese lugar sagrado de la cultura maorí, taparon la entrada e hicieron la otra en forma de espiral.

 

DSC_4041Y eso fue todo, después de las cuevas… nos esperaban 6 horitas de viaje hasta Wellington, pero tuvimos unas vistas increíbles del Tongario National Park y parte de la costa… así que… no nos quejamos mucho.