Otoño-Autumn
Nunca he tenido una estación favorita… pero llevo mejor el calor que el frío, aunque el invierno me dé
siempre la oportunidad de llevar bufanda y la excusa para comprar más… El verano me libera y agota por igual, la primavera me desajusta como al resto de mortales susceptibles a la astenia y el otoño… hoy va de eso.
Aquí parece que empieza a llegar y me han dicho que es precioso porque los árboles se tiñen de todos esos colores con que solemos pintar las hojas en el colegio y el horizonte cobra matices rojizos, amarillos, naranjas… De camino al super las he visto y no me he podido resistir. Supongo que es porque el otoño y yo compartimos un lugar común con las hojas de los árboles caducos y porque mi infancia está llena de recuerdos asociados a las hojas caídas y las que estaban por caer.
Algunas noches yo insistía en que me dejaran dormir con mi hermano y era porque así podíamos quedarnos despiertos hasta más tarde, con la luz apagada, mirando por la ventana las hojas de los chopos y adivinar las formas que hacían (con la luz encendida lo hacíamos con el gotelé de las paredes o las baldosas del baño, pero eso de hacerlo a osucras y de noche… le daba un tinte mucho más rebelde al asunto. El caso es que nos podíamos pasar más de una hora con un “pero no lo ves? está ahí, al lado de la hoja con forma de oso, esa la ves? sí, pues está al lado, pero si se ve claro que es un caballito de mar…” y así hasta quedar rendidos y satisfechos con las similitudes razonables (sobre todo porque si sólo uno las veía, entonces poco importaba, era la confirmación lo que buscaba nuestro juego).
Pero en otoño es cuando empieza a hacer frío y yo lo soporto poco, así que en el camino de mi casa a la de otros amigos para que me llevaran al colegio yo siempre caminaba de espaldas, mirando al sol, con guantes de lana y de la mano de mi abuelo: “iaio, és que fa fred” y el amor paciente y desprendido de las dos generaciones anteriores diciéndome: “veus com ja no fa fred? alça el peu, aspai amb les pedres”. Dilataba
aquel trayecto tooodo lo que podía y aunque era bastante pronto ya estaba inquieta. “Iaio, ara què fem? a què juguem? encara no hem arribat, a què juguem?”. Así las cosas, mi abuelo tenía que inventar juegos cada semana y seguir utilizando los viejos trucos de siempre (hacer siluetas con la sombra del pañuelo, enseñarme las tabla del tres porque la del dos ya me la sabía y sería la siguiente que me enseñarían en el colegio -yo no entendía, cómo podía saber que después de la tabla del dos, efectivamente me enseñarían la del tres…-, adivinar por qué lado de la vía vendría el tren -tampoco podía comprender, cómo podía acertar siempre si no había ningún patrón entre el día de la semana y la izquierda o la derecha, ni por qué siempre miraba el reloj antes de decir su apuesta…) pero mi favorito… porque siempre ganaba… era el de no pisar las hojas caídas de los chopos… Teníais que verlo… un hombre de setenta años intentando no hacer ruido ni pisar las hojas secas, haciendo malabares contra un pie, el mío, que no admitía competencia.
Aquí no son hojas de chopo lo que cae al suelo, pero es otoño o autumn y mis recuerdos parecen ser invariables a pesar de que cambien las formas, los años y los juegos. Y sí, es cierto, de pequeña no era muy lista, pero eso hizo que durante toda mi infancia… el conocimiento fuera tan sorprendente y atractivo como… la magia…
PD, no es nostalgia porque hay cosas que resisten el tiempo, es… todo lo que el otoño me devuelve…

Jeje, es otoño, que bonito y yo ya estoy constipado, que te parece? Llevo un trancazo que no veas. Pero bueno es lo que tiene que un dia hagan 33 grados y la mañana siguiente te levantes con 12 medio desnudo y con solo una sabana para taparte. Jajajaja. Ya estamos en otoño.
Que bonito tia, yo el otoño lo descubrí tarde, a los 22 o 23, cuando cogí la costumbre de pasear cada sábado por la mañana con mi mp3 desde mi casa hasta la Fnac, por esa misma avenida en la que está. No estoy segura de que sean chopos, pero toda la acera desde el rio hasta el parque del oeste se cubre de hojas secas, y encuentro un extraño placer en caminar sobre ellas con la música lo suficiente alta como para no oír nada más.
otoñoooo , es algo komo un presagio de lo ke se avecina , frio , chaqueta , bufanda y todas esas prendas que te cubren para no kedarte helado y largas mañanas metido en la cama asomando solo la nariz para respirar , me gusta el frio disfrutar de mis rincones solitarios donde el tiempo da la impresion de haberse detenido , solo para el goze y disfrute de los sentidos .
suerte que para el duro invierno estaras por aki.
entonces el invierno parecera como oro dulce verano.
besosssss
oi oi oi oi oi, cuanto sentimiento… se te va a subir a la cabeza