Península Valdés
Bueno, tengo el billete de vuelta en un par de horas, así que no tengo mucho tiempo para comentar la última parada del viaje, pero no quería regresar sin colgaros las fotos de las ballenas (lo prometido es dedua).
Después de las provincias de Río Negro y Neuquén, puse rumbo a Península Valdés, en la provincia de Chubut. 1000km más
tarde llegaba a Puerto Madryn y después de las 15 horas de autobús empalmé con una excursión organizada a la que llegaba justo para cambiarme de autobús. Salimos para la Península Valdés con una parada en la Playa El Doradillo, de todas todas, un lugar al que volver. Es una playa de mucha profundidad en la que durante las mareas altas, la ballena franca austral
campa a sus anchas y puedes verlas a escasos cinco metros mientras se tumban panza arriba, te muestran una aleta, las dos, la cola o sacan la cabeza para respirar. Fue alucinante, creo que ha sido la guinda perfecta para el viaje. Por algún extraño motivo, las ballenas relajan, verlas te da tranquilidad, te quedas embobado y en esa playa alejada de todo, te entran ganas de quedarte simplemente sentado mirando el horizonte, las ballenas y sus piruetas por el tiempo que sea.
En Punta Pirámides me subí al bote para seguir disfrutando de la compañía de
estos mamíferos tan raros (tienen peculiaridades como penes de dos metros, glándulas mamarias que expulsan no sé ni cuántos litros de leche al día que se condensa al contacto con el agua fría y que los ballenatos van atrapando en el mar, callosidades de lo más raras que se convierten en huellas digitales, o una de las pieles más sensibles y vulnerables a pesar de su tamaño y demás). Descubrir que estas ballenas son unas promiscuas y que prefieren estar arriba cuando se lo montan con los varios afortunados que consiguen seducirlas cada tres años, fue toda una sorpresa.
De ahí nos fuimos a Punta Caleta a ver una colonia de elefantes marinos, algo alejada porque estás sobre un acantilado. Las fotos que os pongo son de Punta Ninfa, donde caminas junto a ellos y te acercas todo lo que tu temeridad te aconseje (pesan hasta 4 toneladas y la cosa es para pensárselo…). Lo curioso fue que empezamos a presenciar el parto de una de las elefantas, no sabemos si llegó a buen puerto o qué, porque después de 45 minutos la cría aún no
había salido y una gaviota depredadora le había roto ya la bolsa y no se cortaba en picotear la plancenta todavía no expulsada del pobre animal. La verdad es que me dieron ganas de bajar y liarme a pedradas con la gaviota, pero es un parque nacional y está prohibido interactuar con el lugar, de hecho, los hombres estamos enjaulados en toda esa zona (las fronteras están para nosotros y no para los animales). Así que bueno, quizá nació, quizá no.
Tuvimos la oportunidad (digo tuvimos porque coincidí con la misma pareja de brasileros en las dos excursiones) de ver una cría de un par dedías de vida en Punta Ninfa, la verdad es que parecía un peluchito. Estos animales también son de armas tomar, además de sus enormes dimensiones, las hembras llegan a perder 12 kg diarios mientras amamantan a sus crías por 40 días, así que os podéis hacer una idea de en qué condiciones quedan después
de ese tiempo en el que no salen a comer ni una sola vez. Pasado ese tiempo -es comprensible- abandonan a la cría a su suerte y se van escopetadas a mar abierto a hacerse con más provisiones. En la zona había un macho con parte de su harén (son como 8 veces más grandes que las hembras y sus encuentros sexuales a mí me parecen de lo más violentos) y una pobre que no se escapaba ni al llegar al agua. Yo temía que el macho en su obceación por el aquí y ahora, la terminara asfixiando en pleno coito, el guía me dijo que bueno, la hembra puede aguantar media hora bajo el agua… yo sólo pensaba, qué polvo más precario… sepultada por tres toneladas de grasa, bajo el agua y sin posibilidad de escapatoria… hasta me dio por pensar que no habría estado mal que se acercara amenazando alguna orca… (pero no están aquí en estas fechas).
Como véis, la estancia en Puerto Madryn daba para un capítulo del National Geographic… otro horizonte profesional en el que bucear si la cosa con la enseñanza de la literatura no me da para vivir…
Lo dejo aquí, que aún perderé el autobús. Especialmente para Antonio, dejo un mapita con la ruta seguida (a él eso el mola) y os dejo la reseña de los lugares y demás.
Ushuaia- El Calafate: 874m
El Calafate-El Chaltén-El Calafate: 440km
El Calafate-Bariloche: 1892km
Bariloche-San Martín de los Andes-Bariloche: 522km
Bariloche-Esquel-Puerto Madryn: 960km
Puerto Madryn-Buenos Aires: 1291km
En definitiva, 18 días de aventura, más de 8500km, 5 provincias argentinas (Tierra de Fuego, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén, Chubut) y un viaje inolvidable. Salí de Buenos Aires sola, pero en este viaje me han acompañado un montón de personas: Daniela, Walter, Óscar, Ana, Guido, Martín, Julieta, Douglas, el suizo malhumorado, la pareja de suecos, Leslie, Javier, Melanie, María, Juan, Santiago, Gabriel, Maru, Cata y Candela, Bianca y su marido, Juan Alberto, otro Juan y Valeria. Con todos ellos he compartido el viaje en distintos momentos y, sin saberlo, hicieron que, a lo largo del recorrido, nunca viajara sola… Gracias, Thank you, Obrigado, Merci!!

