22:09
La duda. Y basta sólo eso para que la verdad se desmorone. A veces se anticipa con una sospecha, algo que llega y se instala sin permiso, ocupando todo aquello que toca y extendiéndose hasta cubrir todo lo que le rodea.
Sucede como con las humedades del cuento de Cortázar: uno puede taparlas con una tela, un cuadro, una bonita fotografía de París, pero la mancha sigue ahí y tú sabes que te observa, que no duerme, que te devuelve la sospecha y la pregunta cada vez que desvías tu atención para admirar el lienzo, la fotografía, el telar guatemalteco.
La sospecha queda. Lo hace además para que descubras, cada vez que valiente y confiado desvistes la pared, que la mancha lejos de desaparecer, ocupa ahora una mayor superficie de la pared. La duda se queda.
Eran las 22:09 y junto al tic-tac del reloj algo hizo click y en mi pared apareció una humedad.
PD, Qué lástima que nadie le explicara a Cortázar (pero entonces no tendríamos cuento) que basta con rascar, lavar, reparar, lijar e impermeabilizar y listo. Lo mismo con todo lo demás.
