Kia Ora! (V): 90 Mile Beach & Cape Reinga

•Octubre 25, 2009 • 3 comentarios

DSCN0401El día comenzó otra vez amenazando con lluvia, no estábamos seguros de poder hacer la 90 DSCN0477Mile Beach porque el día anterior el autobús se había tenido que volver debido al viento. Bueno, explico esto un poco. La 90 Mile Beach es una playa de unos 15km de largo por el que se puede acceder a Cape Reinga, ese lugar mítico y sagrado de la cultura maorí y sencillamente abrumador para cualquier pagano… El destino final era ese punto en el que el Mar de Tasmania se encuentra con el Océano Pacífico entre vientos huracanados y un paisaje tan desolador como espectacular.

DSC_3293El caso es que nos subimos en el bus (con cabina de camión, qué pasada de trasto!) y fuimos haciendo el recorrido con un montón de abuelitos (Bruno y yo éramos de lejos la pareja más joven y menos enamorada!!!). Fue bastante gracioso porque con frecuencia nos convertimos en el centro de la atención del conductor y los abueletes que celebraban sus bodas de oro… La verdad es que creo que pensaron que estos españoles son unos secos y que, aunque en nuestra luna de miel, éramos una pareja condenada al fracaso… Lo intentaron todo: hacernos bromas sobre por qué no nos sentábamos juntos (jeje, es que los dos podíamos disfrutar de las vistas), si estábamos enfadados y “no, no, poneos ahí que ya os hacemos la foto juntos…”. Pobres… sin duda pasamos por la pareja menos romántica de la historia, aunque la verdad es que durante todo el viaje fuimos una pareja de hecho bien avenida…

DSC_3283La llegada a la 90 Mile Beach es increíble, encima va y tuvimos suerte con un conductor dicharachero que nos fue DSC_3299contando un montón de historias y de anécdotas sobre el lugar, la cultura maorí y demás. Como el día estaba medio nublado y con bastante viento, la visión del mar (pero un mar muy revuelto) y ese horizonte infinito en tonos grises y azules, nos dio la sensación de que estábamos realmente asomándonos al fin del mundo, parece mentira que alguien pudiera llegar a aquellas costas con una canoa… Tuvimos suerte y pudimos cruzar la playa (el día anterior, la marea había subido rápido por el viento y estaba impracticable), de hecho… aquí tenéis lo que se cobró la playa el día anterior… un 4×4 quedó atrapado, sepultado y como souvenir para nosotros… Parece increíble que un coche pueda acabar así, pero lo cierto es que no es nada infrecuente en esa zona.

DSC_3303Después de cruzar la 90 mile Beach llegamos por fin a las dunas de arena en las que se puede “surfear”. Bueno, cuando Bruno y yo vimos que el abuelete de más de 70 años cogía su tabla y se enfilaba por la duna… nos dijimos… no podemos ser menos! Así que empezamos a trepar (yo con bastante dificultad, la tabla me hacía efecto corta-viento, pero también me tiraba al suelo cada dos por tres). Ya arriba me senté junto al conductor que muy risueño me dijo “ale, ale, tírate” y en cuanto me asomé y vi que no veía la pendiente (joer, es que eso parece el Dragon Khan) le contesté un “espera, espera, que me lo tengo que pensar”. Pero no me dio tiempo… palmadita en la espalda yDSCN0437 DSCN0442otro “va, tírate” y pensé, “mierda, voy a parecer una chiquilla, valor y al toro!” y me tiré… La primera sensación fue el subidón de adrenalina de no ver la pendiente y después verla demasiado cerca con la rápida sensación de “mierda, no solo voy a acabar revolcada por la arena, sino que creo que me puedo desnucar”… la tabla empezó a coger velocidad al mismo ritmo que a mí me aumentaba la taquicardia y la certeza de que mi poco harte para coordinar piernas y brazos iba a causar estragos en mi cuerpo… Sorprendentemente… bajaba a toda velocidad pero en recto, así que al final, mi único temor fue el de “joder, cómo se para!!!” porque ya me veía en el agua. DSCN0439Pero no, increíble pero cierto, llegué sin hacerme una bola y me quedé cerca del agua, pero sin tocarla… En realidad, seguro que muchos intrépidos considerarán una exageración mi experiencia por las dunas, pero yo descubrí que para mí, aquello ya tenía la misma emoción que hacer puenting, paracaidismo o similar… de hecho, creo que con alguna de esas cosas, simplemente me daría un paro cardíaco, así que… Surfing en las dunas: done!

Bruno no corrió tanta suerte… jajaja, acabó rebozado, dando volteretas de campana y milagrosamente de pie (eso da cuenta del tipo de volteretas que dio, jeje), y no hay documento gráfico de eso, pero la pequeña manchita que se ve en la foto es él.

DSCN0446Tras la excitante experiencia de las dunas, nos dirigimos a Cape Reinga y he de decir que no sólo no me defraudó, sino que fue mucho más espectacular de lo que me esperaba. El lugar es medio fantasmagórico, las vistas increíbles y el viento…….. de locos!!!! En realidad, el peligro de surfear en las dunas me pareció mínimo comparado con el viento (que no va de coña, era brutal) de Cape Reinga.

En más de una ocasión, Bruno tuvo que cogerme para que no me cayera o para empujarme y DSCN0447que así pudiera avanzar. El momento más heavy fue cuando por un caminito junto al acantilado, mientras iba pensando “te imaginas una ráfaga de viento y que me caigo?”, zas… juro, aunque parezca imposible, que mis pies dejaron de tocar el suelo por un momento y yo pensé que no era tan descabellado que literalmente me volara…

DSC_3352Pero bueno, algo de historia sobre el lugar. Cape Reinga no es el punto más al norte de Aotearoa (pero casi) y cuando Kupe, que según la tradición maorí fue el primer hombre que pisó la isla, llegó allí, bautizó el lugar como “Te Rerenga Wairua” y está considerado por la cultural maorí como el lugar por el que sus almas vuelven a Hawaiki (la isla del pacífico de la que provienen), una vez muertos. Por eso aquel lugar es sagrado y no se debe comer ni beber mientras se camina por el recorrido que lleva hasta el faro. Al final del DSCN0470acantilado, entre unas rocas y con todas las inclemencias del viento, hay un arbolito que increíblemente sobrevive en unas condiciones que lo convierten en un auténtico survivor, pero jamás está en flor…

kauriDe vuelta a Paihia, pasamos por un bosque de Kauris y no pudimos resistirnos a darles el abrazo oso amoroso… en la cultura maorí se considera que tienen poderes curativos y qué queréis que os diga… yo me sentí como un ewok…

Kia Ora! (IV): Rotorua-Matamata-Auckland-Paihia… KERIKERI!

•Octubre 15, 2009 • Dejar un comentario

DSC_2989Después de los festines varios de Rotorua volvimos a la carretera…Bruno se estrenó en nuestro pequeño Toyota Scarlet con una lluvia que más bien parecía un tifón, no se veía absolutamente nada, así que mis indicaciones como copiloto se reducían a un “sí, sí, vamos bien… tú sigue la carretera…” y así nos fue… Optamos por desviarnos hacia Matamata, pero lo único destacable fueron los noodles que Bruno se pilló en un “Fish & Chips” (curioso nombre y curioso local… todos los “fish & chips” son restaurantes chinos-coreanos y no conseguimos averiguar de dónde se sacaron el nombre… El caso es que cuando llegamos a Matamata decidimos dar media vuelta y dejar el set deDSCN0278 rodaje de “El señor de los anillos”, nos pareció una estafa lo que nos querían cobrar simplemente por asomarnos a una de las montañitas que llevábamos viendo gratis durante todo el viaje y los dejamos con su Frodolandia para proseguir nuestra ruta hacia Auckland. Madre mía… Auckland es una ciudad bastante bonita (sobre todo de noche) y probablemente la única del país que parece realmente una ciudad pero… Bruno y yo la odiamos mucho esa fría noche de septiembre… Estos kiwis con estas islas tan poco pobladas y tan poco dados a la urbanización ordenada (quién pillara los planos urbanísticos de finales del XIX de Buenos Aires!) no conocen ni el valor DSCN0388ni las virtudes de los famosos cinturones del extrarradio… así que la entrada a Auckland es sencillamente un infierno. La carretera (que sería el equivalente a una carretera nacional, rollo la A-3 o cosas así) cruza, parte, divide y atraviesa toda Auckland con el perverso efecto de que tiene ocho mil salidas (y cuando no sabes cuál es la tuya… vas listo) y en hora punta… parece DSC_3120que toda la población se concentra en esas dos únicas direcciones que tiene (Norte-Sur) y el embotellamiento aturde casi tanto como las múltiples salidas… Pasamos algo de angustia, sobre todo por la cantidad de horas que llevábamos ya al volante, pero finalmente encontramos nuestra calle y el albergue (que, por cierto, estaba en una calle cortada que después seguía por otro lado como si tal cosa… cómo les gusta también a estos kiwis cortar y pegar calles a su antojo… nos volvió a ocurrir en Christchurch y tuvo el mismo efecto: “Auckland y Christchurch… suspendidas!”). Así que bueno, nada que reseñar de esa parte.

DSCN0338Al día siguiente, después de un desayuno reconstituyente pusimos otra vez rumbo al Norte, Paihia era nuestro destino. La llegada volvió a ser de infarto para Bruno, carreteras zigzagueantes, montaña arriba, montaña abajo, hasta llegar a ese pequeño escondite paradisíaco que supone Bay of Islands… Nos enamoramos de sus montañitas verdes al más puro estilo fondo de escritorio de Windows (por supuesto, nos hicimos un montón de fotos que servirán de salvapantallas, ya sabemos dónde se vino B. Gates para sacar la suya), paseamos por esas rocas perforadas de la costa y nos aventuramos a la búsqueda de dos cascadas más. La primera de ellas, las Haruru Falls de camino a Kerikeri. En Kerikeri, fue gracioso, nos fuimos a visitar el edificio más antiguo de Nueva DSC_3140DSCN0371Zelanda… la Stone Store que, es de 1830 (ni más ni menos!!! jajajaja). Lo mejor de la visita, ya que no íbamos a tener la sensación que se tiene cuando se pisa una catedral que lleva ahí más de quinientos años, fue sin embargo otro lugar curioso. Se trataba, según la guía, de los restos de una fortaleza maorí de nombre Kororipo Pa… sin embargo… cuando llegamos… lo que encontramos fue la foto que espero que se DSCN0375pueda ampliar y podáis ver en la que un cartel que da a un campito y una montañita situada justo enfrente dice: “Kororipo Pa debió haber sido algo parecido a esto hace 200 años”… O sea… que como no tienen restos ni historia… la pintan/se la inventan. Esa fue la segunda estafa del viaje (nótese que siempre nos pasó con las actividades de carácter histórico), pero nos hizo tanta gracia que hasta estuvimos un rato mirando al horizonte y reconstruyendo la invisible fortaleza…

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Así nos pasó el primer día, pero es que el plato fuerte venía al día siguiente…Cape Reinga, bosque de Kauris y la 90 Mile Beach… ¡no os queréis perder esa entrada!

Kia Ora! (III): Rotorua bis

•Octubre 12, 2009 • Dejar un comentario

DSC_2897Después del festín maorí, Bruno y yo decidimos recorrer un poco más los alrededores de cascada buriedRotorua. Taníamos la posibilidad de volver hacia Taupo y visitar otros géiseres o adentrarnos en el Buried Village, una ciudad que, como si de Pompeya se tratara, quedó sepultada por la erupción del volcán Tarawera en 1886. La ciudad en cuestión había sido establecida por un misionero (que igual tenía buenas intenciones, pero sin lugar a dudas pocas luces…). Además de la gente que murió ante la repentina erupción del volcán (en el museo se puede leer cómo una madre les explicó a sus hijos que iban a morir y cómo se puso a tocar el piano para “distraerlos”), también se destruyeron las terrazas de piedra caliza que habían hecho famoso el lugar tanto en Nueva Zelanda como en el extranjero.

DSCN0272Nuestras expectativas, sin embargo, se truncaron enormemente al llegar al lugar… nos parecióDSC_2925 una estafa. Habían reconstruido algunas casas, colocado algunos utensilios y listo… para eso… habría preferido una exposición fotográfica o un dibujo a mano alzada de las terrazas, el pueblo, etc… En fin, no siempre acertamos, pero encontramos (por supuesto) otras cascadas que fue lo que más nos gustó de la visita, eso y la vista sobre el valle que era preciosa. Pensar que ahí, justo ahí, durante más de cuatro horas cayeron rocas incendiarias y lava… y ahora todo es verde, frondoso, selvático…

Kia Ora! (II): Rotorua

•Octubre 10, 2009 • Dejar un comentario

DSC_4069Nuestro viaje continuó desde las cascadas del río Waikato hacia Rotorua, una de las ciudades más turísticas y con mayor presencia maorí del país. A orillas del lago Rorotura (cómo no) y bordeado por el lago Tarawera (junto con el volcán del mismo nombre), la ciudad se encuentra en el mismísimo centro de la actividad geotermal de la isla y de ahí la cantidad de lugares en los que puedes sumergirte en aguas entre 37 y 42º,  el olor característico de Rotorua, las montañas humeantes y el clima fantasmagórico.

polynesian2Lo primero que hicimos al llegar al hostel (un hostel de lo más original… el Cactus Jack Backpackers está todo decorado como un gran cactus…) fue dirigimos al Polynesian Spa. No sacamos ninguna foto, tendréis que perdonarnos, pero Bruno y yo apostamos por disfrutar de las piscinas burbujeantes, la vista del lago y la lluvia que nos caía en la cara mientras sentíamos cómo ardía toda la piel y nos olvidamos de las cámaras por un rato… Aún así, aquí tenéis un par de fotos del Spa en cuestión, para que os hagáis una idea. La verdad es que lo de las aguas termales nos dejó como nuevos… la vista era una pasada porque desde una de las piscinas, prácticamente el polunesianhorizonte del agua continuaba con el del lago y hacía un día (cómo no!) nublado, así que el contraste era enorme. Fuimos saltando de piscina en piscina (cada cual más calentita), hasta arrugarnos como viejos y después… después azúcar para el cuerpo que lo teníamos muuuuy relajado! Un par de pastelitos y ale, al hostal que se supone que hoy nos vienen a recoger para ir al Mitai Maorí Village.

DSCN0234Al llegar al hostel, ahí estaba nuestra furgoneta, toda decorada para la ocasión. El espectáculo maorí tuvo un poco de todo… Ya imaginaba que habría cierta explotación folklórica de la cultura maorí, algo así como el tablao flamenco en el que te encuentras a doscientos japoneses… pero no había otras formas de entrar un poco en contacto con la cultura maorí, así que aceptamos jugar el papel de turistas consagrados a las fotografías. Tras un rato conversando con el animador de la fiesta, fuimos a ver cómo se estaba cocinando el hangi que devoraríamos después (un plato -este sí- típico de la cultura maorí que lleva un poco de todo y que se cocina durante tres horas bajo tierra y con el calor de rocas volcánicas). Después, vimos cómo los guerreros llegaban en su waka (canoa) con el efecto perverso de que la canoa pasó en ambos sentidos unas cuatro veces para asegurar que todos los turistas allí concentrados conseguían su foto… Eso… fue un poco descorazonador… ni qué decir tiene que todos agradecimos que pasaran varias veces porque pudimos tomar la foto, pero me sentí también tremendamente ridícula en esa especie de circo en el que intentábamos capturar algo que sencillamente, ya no corresponde… En fin, después de eso, ya nada me sorprendería. Nos reunimos en una sala donde como si de un teatro se tratara, los maoríes DSC_2860representaron escenas de su vida cotidiana, desde las hakas, hasta los cánticos de bienvenida, demostraciones de lucha, instrumentos, etc. Todos ataviados con sus pieles, sus palos de madera… aquello parecía un cuadro primitivo. Lo más destacable de todo eso, además de las explicaciones sobre los tatuajes que llevan, fue sin duda la visión del tatuaje que llevaba el jefe de la tribu. Un tatuaje desde la cintura hasta las rodillas por delante y por detrás, con más de 35 horas para hacérselo (sin ningún tipo de anestesia!!!) y del que reivindicaba que si no se soportaba el dolor de un tatuaje, no se merecía llevarlo… Ay mare… están locos!

DSCN0216Cuando terminó el espectáculo, nos fuimos a la cena… QUÉ CENA!!! comimos como auténticosDSC_2890 cerditos, lo probamos absolutamente todo… cada cosa más rica que la anterior… Las scalloped potatoes (que sé hacerlas… y me salen ricas!), la carne de cordero y pollo con gelatina de menta (eso hay que explotarlo y probarlo!), el stuffing (qué rico!!!), kumara, arroz y no sé qué más llevaría todo aquello… El resultado… una cena para campeones. El susto, cómo no, llegó por mi parte. Después de la comilona, un gajo de piña se me atragantó y a punto estuve de quedarme tiesa allí mismo ante la mirada atónita de Bruno (que el pobre se asustó bastante, yo también…). Así que mi cena de hangi fue un poco indigesta (bueno, un mucho, yo creo que se me cortó la digestión), pero igualmente deliciosa!

Y por ese día… al hostel! El jet lag de Bruno todavía no le perdonaba el intentar irse a dormir más tarde de las once…jeje.

Kia Ora! (I)

•Octubre 9, 2009 • 2 comentarios

DSC_3989Pues bueno, la serie de entradas sobre la primera expedición por Aotearoa llevarán el título deFSCN0317 Kia Ora!, que es una expresión maorí que literalmente significa “que seas saludable” o “que te vaya bien”, pero que connotativamente tiene otros muchos valores, todos ellos relacionados con el buen rollo, las energías positivas… vamos… un saludo que molaría incoporar porque solo de decirlo ya da buen humor (venga, probad, hay que decirlo alto y con una sonrisa: “Kia Ora!”). Me quedo con la expresión porque me recordó -qué buenos momentos- a la otra que se puso de moda durante la expedición por Nicaragua con Pechoche, Óscar y mi hermano, aunque aquella vez… curiosamente la expresión era tica (para más inri…): “¡pura vida!”, nos pasamos todo el viaje con esas dos palabras en la boca…

DSC_2821En fin, a lo que iba. Bruno llegó un día 20 de septiembre y se instaló en casa por 24 horas para sacudirse un poco el jet lag. Aproveché ese intervalo de confusión y mareo para decirle que finalmente el coche que había alquilado era manual, así que tendríamos que cambiar marchas con la izquierda (ji,ji,ji). Nuestro primer destino era Taupo, a unos 375km de Wellington y en la orilla del lago más grande de Nueva Zelanda. Salimos a eso de las cinco de la tarde y llegamos como a las once y pico de la noche. Sí, llevábamos un Toyota Scarlet diminuto, pero no… no fue eso lo que nos impidió llegar antes. De alguna manera, creo que de entre todas las rutas posibles acabamos haciendo la máaaaaaaaas enrevesada y terminamos cruzando parte del Tongario National Park, o sea… curvas, curvas, más curvas, subir montaña, bajar montaña, puertos incluidos, oscuridad total y una cierta sensación de estar vendidos a nuestra suerte en una carretera desierta…  Pero antes de eso…jeje… mis fans no me perdonaría que contara lo que sigue…

Como Bruno acusaba todavía el jet lag, una servidora fue la encargada de estrenar el coche, yo creo que porque Bruno no pensó dos veces qué significaba dejarme a mí al volante, pero rauda y veloz tal y como mi intŕepida ignorancia me permite ser, solté un “descuida!! ya lo llevo yo!!” ejem, ejem. Los 2 primeros kilómetros ambos sufrimos cada vez que tenía que parar en un semáforo porque este coche gasolina tiraba poco, tiraba mal y al final yo acababa pisando mucho embrague y haciendo unas salidas de esas que… cómo decirlo… no nos permitían pasar muy desaparecibidos. El tema de… “por la izquierda!!!!!” jaja, pasó un par de veces, pero no era lo peor. Los cambios de marcha se resistieron también los primeros km, sobre todo la tercera. Y lo de poner los intermitentes… al principio fue imposible porque cada vez que le daba (con mi mano izquierda claro, que es con la que estoy acostumbrada), se ponía en marcha el limpia (estos kiwis heredaron lo peor de los británicos, lo ponen todo al revés). Pero bueno, quitando eso, la verdad es que yo me sentía muy cómoda al volante, aunque creo que Bruno no lo veía tan claro.

DSC_2695Proseguimos la marcha (yo encantada ya de dirigir el navío) cuando Bruno se fue poniendo blanco, cada vez más blanco conforme avanzábamos en nuestro recorrido. La causa parece ser que, inconscientemente o no, lo de mi lado rojillo debe ser que aflora hasta en carretera porque siempre me desviaba hacia la izquierda en el carril (Bruno llegó a soltar un “te lo deberías mirar…”) y el pobre Bruno (porque yo siempre pensaba que iba recto…) vio los precipicios demasiado cerca en más de una ocasión. Bueno, verlos no, porque la noche estaba cerrada como en la noche oscura del alma de San Juan… más bien… los intuía…jeje. Sin embargo, lo mejor todavía estaba por venir… la noche nos deparaba una espesa niebla y un montón de desprendimientos en nuestro camino. Creo que por un momento Bruno creyó que lo estaba llevando a la muerte por aquella carretera tortuosa… a mí en aquellos momentos sólo se me ocurría decirle que bueno, teníamos suerte porque los desprendimientos estaban todos en el otro carril (que es el que daba a la montaña) a lo que Bruno sólo contestó “ya, pero es que tú no ves como yo el precipicio que hay aquí…” Y así fueron las primeras seis horas de carretera..jeje, pero como véis, sin contratiempos!

Después de eso… nos hicimos unos todo terreno, hemos conducido con lluvia, con SUPER LLUVIA (de esa de no ver na de na de na), con niebla, con viento, con visibilidad nula, con curvas de infarto, por carriles suepr estrechos, puentes minúsculos, puertos de montaña, en fin… casi de todo. La próxima vez… Bruno y yo nos hacemos la 90 Mile Beach (ya llegaremos a ese punto) los dos solos…

DSCN0145De Taupo en realidad lo único que nos interesaba ver era dos cosas, que son las que hicimos porque el día salió nubladoDSCN0201 (como casi todos los de nuestro viaje, pero nuestro ánimo era inquebrantable!) y descartamos dar un paseíto por el lago. Nos dirigimos a Orakei Korako Geyserland para ver esos pozos burbujeantes, aguas de colores y vapores que salían de la tierra como si tal cosa. La verdad es que mucho antes de llegar ya nos fascinó ver cómo salía humo de casi todas las montañas y entre los árboles, ya que esta es la región DSC_2790geotermal más potente de Nueva Zelanda… y no nos defraudó. Recorrimos los géiseres (no muy activos en aquel momento), vimos esos pozos de sedimentos y arcillas… vamos, yo estaba segura de que si me dejaba caer en uno de esos, me volvería Lobezno… eran iguales que el adamantio!!!!!! y pusimos ruta al siguiente destino, las Huka Falls, son unas cataratas del río Waikato que desemboca en el lago Taupo y que son, sencillamente espectaculares.

FSCN0302La verdad es que creo que me voy a hacer “cazadora de cataratas” porque últimamente, la DSC_2651mayoría de mis viajes (y este último todavía mucho más) incluyen siempre el momento cataratas. Primero fueron las de Iguazú, después las del Niágara y esta vez todas las que nos encontramos señaladas en el mapa… Aunque creo que NADA se puede comparar a las cataratas de Iguazú, ninguna de las cataratas que visitamos nos defraudó. De las Huka Falls me quedo sobre todo con el color de sus aguas… en las fotos creo que se aprecia, es sencillamente increíble que el agua pueda tener ese color tan azul, tan clarito, tan de cuento de hadas… con esos tonos turquesa y esa corriente que nunca cambia. La verdad es que era una pasada lo vivo de los colores y el contraste con ese cielo tan gris…

FSCN0326De ahí pusimos rumbo a Rotorua, una ciudad de la que los kiwis dicen que huele a pedo (se DSC_2667debe a la cantidad de zonas geotermales por la zona) y también uno de los lugares con mayor presencia maorí. De su concepto de Manaakitanga, el Mitai Maorí Village, el Polynesian Spa y el Cactus Jack Backpackers… hablaremos en la siguiente entrega…